Cuando me fuí.

Cuando me fuí.

Hoy leí un post que decía:

"Knowing when to leave is so important. The party. The job. The relationship."
("Saber cuándo irse es muy importante. La fiesta. El trabajo. La relación.")

Y me dió una especie de sentimiento dentro de mí. No sé cómo definirlo, pero lo sentí. Lo sentí en el pecho, respiré profundo porque me faltaba aire y comencé a escribir.

Hace poco terminé una relación de ocho años con mi mejor amigo. Alguien que, sin planearlo, marcó los años más significativos de mi vida—los más importantes en cuanto a crecimiento personal (de los 26 a los 35). La realidad es que a los 26 uno no sabe nada. Todo es impulsivo, todo es pasión, todo se siente bien. ¡Qué delicia tener 26 años!

Si pudiera darles un consejo a las chicas de esa edad, sería que disfruten, que bailen toda la noche y luego vean el amanecer, que amen con locura y que entreguen su corazón a quien sientan que lo merece. No se van a arrepentir. No puedo decirles que se salvarán de un corazón roto—de eso nadie se salva—pero definitivamente es mejor darlo todo y recoger los pedazos después que no dar nada y perderse todas las experiencias que eso conlleva.

(Disclaimer: esto excluye cualquier relación agresiva.)

Les diría que disfruten a su familia, amigas y amigos. Muchos estarán ahí cuando las cosas no salgan como queríamos; otros no, y eso es parte de la vida. Recoger los pedazos rotos nunca se hace sola. Aparecerán personas en las que no contábamos y se irán otras que creíamos incondicionales. Y créanme, esa es otra ruptura necesaria para crecer.

Yo he amado con locura, y perderse en ese mundo es espectacular. Lo recomiendo, aunque da miedo. Mucho miedo.

Pero bueno, volviendo a mi historia y a la razón por la que ese post me movió tanto:

Mi relación estaba lejos de ser perfecta. Acepté cosas que jamás pensé que aceptaría. Viví situaciones que terminé normalizando, cuando nunca debieron ser normales. ¿Me arrepiento? Honestamente, no. Volvería a pasar por todo con tal de haber vivido las experiencias hermosas que tuve, de haberme convertido en la persona que soy hoy, de haber conectado con las amistades que ahora tengo y de saber que entregué todo, disfrutando esa etapa al máximo.

Hoy estoy completamente preparada para lo que la vida quiera traerme.

La gente dice que uno ve hacia atrás y solo se acuerda de lo bonito. Yo no. Yo también pienso en lo feo, pero en vez de sufrirlo, he aprendido a darle espacio. Me da cólera por unos segundos, y luego entiendo que era algo que él y yo debíamos aprender. No existe lo bueno sin lo malo, ¿no? La vida no es casualidad. Nos cruzamos en el camino de otras personas para acompañarnos en algún proceso, y viceversa. Y estoy agradecida de que hayamos sido parte del camino de cada uno.

Yo tengo claro que Camilo (pongámosle así mejor) estuvo en mi vida por una razón. Y aunque durante mucho tiempo pensé que no supe irme cuando debía, hoy sé que me fui en el mejor momento en que pude haberlo hecho. Cuando todas las fibras de mi cuerpo estaban alineadas, cuando ya había hecho todo lo que mi corazón anhelaba y cuando pude irme con la cabeza en alto, completamente decidida.

Un día, simplemente, abrí los ojos y decidí elegirme a mí misma.

No fue fácil. Siento que, al irme, una parte de mí murió. Podría culparlo solo a él, pero yo elegí estar a su lado y obvio, yo también cometí errores. Y en lugar de verlo todo como un error, decidí verlo como parte de mi camino hacia ser una mejor persona. Así que sí, esa parte de mí tenía que morir.

En este último año aprendí que las personas dan lo que pueden dar. Es decisión de cada uno quedarse esperando un potencial que tal vez nunca llegue, una idealización que es inexistente, y eso no es justo. Yo intenté, equivocadamente, durante años, convertirlo en alguien que creí que podía ser o que yo quería que fuera y eso solo nos alejó más.

A pesar de todo lo que pasamos, hoy Camilo y yo nos amamos con locura. Pero ahora es diferente. Hoy lo respeto, nos respetamos. Sé que está ahí para mí si lo necesito, y yo para él. Poco a poco, he ido perdonándolo. Y perdonándome.

Gracias a mi grupo de apoyo, a mí misma y a las señales que decidí escuchar, mi vida ha tomado un rumbo más feliz y ligero.

Algún día les contaré la historia completa, o al menos pedazos de ella o de varias. Tal vez, no sé. Aún no estoy lista. Pero pronto sí. Sé que compartirla podría ayudar a otras mujeres y, a su vez, ayudarme a sentirme aún más libre.

Pero lo importante de haber escrito todo esto es que todos deberíamos aprender a saber cuándo irnos. Escucharse. Ver las señales y decidir tomarlas. Es un proceso. Un proceso que quiero explorar más y que espero que quieran explorar conmigo.

"Knowing when to leave is so important. The party. The job. The relationship."